Volver a la lucidez y a la salud

Julia y Horacio Garrido

Hoy les comparto una historia de esfuerzos, de dificultades que se van dejando en el camino, de crecimiento, de un diagnóstico que no fue una sentencia sino una oportunidad.
Diana, una colega amiga con mucha pujanza, tiene mucho para contarles.

Hace casi dos años ya, fuimos los cuatro, mi marido Juan, nuestros mellizos Julia y Horacio, que en ese tiempo tenían 5 años recién cumplidos y yo, Diana Garrido, para ir presentándome, a una cita de control, con nuestra pediatra de medicina convencional. Teníamos dos años sin ir a su consulta porque los niños tenían episodios de salud que creíamos”normales”, “cosa de niños”, y que lográbamos resolver con ella por teléfono.

Vio a los chicos, nada fuera de lo común, pero mientras atendía a uno, miraba de reojo al otro. Y así… notó que seguían teniendo un manejo del lenguaje muy precario y que alineaban los juguetes del consultorio de una manera muy particular. Nos dijo, con su tono dulce y tacto de siempre que los veía grandes, bellos y bien alimentados, sólo que creía que, probablemente, ciertos signos que presentaban, podrían hablar de un nivel muy leve de autismo llamado Síndrome de Asperger y que no debíamos preocuparnos porque era una condición y no una enfermedad…

Así, nos derivó con otra especialista, y vino un primer pre-diagnóstico, acompañado de una sugerencia que sigo considerando muy acertada: mientras llegamos a un diagnóstico definitivo, háganles por favor una dieta libre de gluten (trigo, avena, cebada, centeno) y libre de lácteos, cuando menos de vaca (por su caseína), durante 15 días. Si notan una mejoría en el tema del habla y otros asuntos más, sabremos que vamos por buen camino.

Así lo hicimos y sí, con esa variación de la dieta, de manera estricta, que ya hoy considero una variación mínima e insuficiente, notamos un enorme cambio al tercer día. Ahí comenzó nuestro periplo investigativo y un cambio de hábitos que nunca más paró…

Que si la caseína de la vaca no, pero la del ganado Jersey sí, así como la de cabra, búfala, ovejo, por tratarse de una caseína “antigua”, de animales no modificados genéticamente, etc. Pruebas caseras iban y venían de cada lectura, para concluir que ninguna caseína nos sentaba bien, ya a los cuatro, todos alineados a la nueva dieta, en casa, primero por solidaridad, luego porque nos encontramos en ellos, como quien mira un espejo…

Unos meses después, con diagnóstico en firme de Asperger, las lecturas seguían, los aprendizajes muchos y las mejorías también. Y así fue como desaparecieron de nuestra dieta también la soya o soja y sus derivados, acusados de actuar en nuestros hijos y en nosotros como el gluten y la caseína. Y los alimentos con conservantes y colorantes artificiales (suerte que esos apenas los conocían porque siempre les cocinamos en casa y nunca, nunca, nunca comieron chuches más que galletas industriales, hoy sustituidas también por caseras). Más atrás desaparecieron los alimentos con alta concentración de ácido acetilsalicílico, como las guayabas o la canela, algunos frutos secos que hoy solo consumen eventualmente, porque les provocan reacciones adversas de noche.

En el camino, le bajamos al azúcar, la sustituimos por azúcar integral ecológica y miel de buena calidad (con origen conocido). Y esto no fue suficiente. Un día entendimos que teníamos que terminar de dejar de darles azúcar en cualquier dosis y nos tocó aprender otro tanto: estevia natural, estevia con eritritol, azúcar de coco, xilitol, miel eventualmente o, mejor dicho, en recetas donde se disipa entre muchas porciones como un pan de molde. También supimos que darles preparaciones con harinas sin gluten y tubérculos era como darles azúcar, así que aprendimos nuevas cosas y nos seguimos adaptando. Igual entendimos que los cereales transgénicos y con un altísimo contenido de carbohidratos simples, los ponían igual de acelerados que el azúcar, así dejamos todo el maíz y el arroz.

También entendimos que al pan ni con unos míseros gramos de levadura industrial, y empezamos a fermentar con Masa Madre y Kéfir de agua. Y a hacer chucrut para escurrir sus jugos en las sopas. Tampoco falta ya nunca en casa ya una comida hecha con un caldo de huesos, patas y coyunturas de origen animal, claro está. También aprendimos, que como carbohidrato complejo para acompañar proteínas o como canapé, versátil por demás, está el plátano macho, de verde a pintón, que, además, al llegar a nuestro tracto digestivo empieza a comportarse como un probiótico. Y así les podría enumerar infinitamente alimentos que han entrado o salido de nuestra dieta.

En fin, muchos cambios, una nueva manera de encarar el consumo, las salidas al mundo exterior, la escuela, la familia, la vida. Pero, sobre todo, mucho de volver a la lucidez y a la salud.

Se pretende vender que ser Asperger o Autista de Alto Funcionamiento es muy cool, que es cosa de genios, de “futuros adultos exitosos” en alguna disciplina o especialidad. En mi opinión, no es cool el mar de padecimientos físicos que ello implica: el insomnio o dificultad para lograr quedar dormidos, los vómitos, el reflujo gastroesofágico silencioso o perceptible, los calambres nocturnos, las pesadillas, el bruxismo, la dispraxia o dislalia (dificultades del habla), la hiperactividad o déficit de atención que suelen ir asociados a esta condición, la predisposición a tener afecciones respiratorias constantes u otitis, las diarreas o lo contrario, etcétera. Son muchos. Aparte, la incapacidad social para regular muchas cosas: volumen al hablar, empatía en su más amplio concepto, etc. No, no es cool. Es un tema de mal funcionamiento que se puede mejorar hasta salir de él y conseguir que esos niños, adolescentes, adultos tengan bienestar.

Y nosotros lo hemos conseguido desde hace muchos meses ya. De vez en cuando hacemos pruebas con un que otro alimento y a veces la pegamos y a veces no tanto. Pero nuestros hijos son felices, son tan sociables que toca pararlos un poco, hasta nos toman el pelo, les va bien en la escuela, tienen aficiones diversas, aman comer, comen mucho, duermen súper bien, los resfríos son su única enfermedad y les viene cada varios meses y les dura algo así como 24hs. Todavía tienen que vencer algunos asuntos con el lenguaje. Muchos relacionados con pronunciar mal algunas palabras desde pequeños, pero mientras tanto, su vocabulario crece cada día al punto de sorprendernos y causarnos gracia, por lo ocurrentes que son. Uno de ellos, aún con parte de su lenguaje aún precario, conversa todo el día, al punto que escucharlo ya es para nosotros como oír la lluvia… Sí, como cualquier otro niño, como cualquier otra familia…

Ahora nos vamos a iniciar en un protocolo de desparasitación y desintoxicación, para terminar de salir de algunos cuantos patógenos asociados al autismo, pero eso ya es harina de otro costal y ya les contaré. De hecho, yo ya lo inicié para saber cómo proceder con el resto de la familia.

Nada de esto es fácil, pero tampoco se hace todo de golpe. Desaprender, reaprender, es un proceso, es largo. La única premisa debería ser hacerlo “sin prisa pero sin pausa“.

Los médicos convencionales le dirán que nada de esto tiene fundamentación científica, y es cierto, porque no somos ratas y no nos pueden encerrar a cada uno en una jaula a consumir solo un tipo de materia grasa o solo un tipo de vegetal, o solo un tipo de leche. Somos diversos y tenemos una alimentación diversa. Pero mi testimonio se suma al de muchas madres y padres que se tomaron esto en serio y conocen el antes y el después mejor que ningún médico (los que por cierto, en casi ningún país del mundo, ven nutrición como parte del pensum de estudios).

Así es que, entre un poco de creer, y otro poco de emprender, cualquiera puede cambiar su alimentación, y con ello, su vida, literalmente.

Fotografía Javier Volcán @jdvolcan 

Diana Garrido, vive en Mérida, Venezuela. Tiene un hermoso proyecto de casa-restaurant donde elaboran todo con mucho amor, a partir de alimentos que ellos mismos producen. También brinda talleres de cocina, con la experiencia de una madre que desde la práctica, hizo mucho por revertir el diagnostico de Asperger de sus hijos. Comparte recomendaciones, recetas y mucho sobre la comprensión cabal de la dieta en 10 talleres online en aldaima.org, a través de su red de formación “Crecer en derechos”.
Podés encontrarla también en www.gastronomiaenvenezuela.com.ve y en @lacasadelviento

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4 comentarios en “Volver a la lucidez y a la salud”

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