Cebada en grano en tazón ecológico para recetas saludables.

La sabia cebada

De alimento para filósofos a ser un ingrediente casi desconocido, perdido dentro de alguna bebida alcohólica. El camino de este grano, la cebada, que supo

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Hierba aromática mediterránea, ideal para cocinar y promover conciencia alimentaria saludable.

Repeler el repelente

¿Por qué?Tal vez sólo por precaución. Quien sabe…Lo cierto es que en estos últimos 70-80 años estamos siendo expuestos a una cantidad de sustancias químicas

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Cebada en grano en tazón ecológico para recetas saludables.

La sabia cebada

De alimento para filósofos a ser un ingrediente casi desconocido, perdido dentro de alguna bebida alcohólica. El camino de este grano, la cebada, que supo ser sagrado, muestra en cierta forma, el sendero que está recorriendo la nutrición en el último siglo. Se mira al alimento desde la química, desde los nutrientes. Y a partir de ahí juzgamos lo bueno o lo escaso que nos puede aportar. Mecánica pura si las hay. Esto deja fuera muchas otras formas de acercarnos a estudiar todo lo que nos nutre de un alimento. ¿Cómo hacían en la antigüedad para establecer el valor de un alimento y concluir en la importancia de incorporarlo como hábito saludable? Pregunta que se hace difícil de abarcar con una mirada que se reduce sólo a las sustancias (nutrientes), pues en la antigüedad, tal clasificación no existía. Sin embargo, en la antigua civilización greco-romana se las ingeniaron para llegar a colocar a la cebada en un lugar muy valorado. A los gladiadores romanos se los llamaba hordearri que se traduce como “hombres de cebada” o “comedores de cebada” y entre ellos se apreciaba este grano por la fortaleza que les daba. También los guerreros griegos consumían cebada, hábito citado en la Ilíada y la Odisea. La fortaleza no quedaba reducida a lo físico, sino también se le daba a este grano la cualidad de estimular el pensar activo. En las escuelas filosóficas, médicas y matemáticas de los antiguos griegos, tanto Platón como Hipócrates y Pitágoras recomendaban la cebada a sus alumnos para promover la capacidad de pensar y profundizar en las enseñanzas. Lejos estamos hoy de buscar hábitos alimenticios que nos ayuden a profundizar en el pensar… Como toda gramínea o poácea, la cebada (Hordeum vulgare) merece ser estudiada también desde la observación fenomenológica, intentando aproximarnos al significado que

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Hierba aromática mediterránea, ideal para cocinar y promover conciencia alimentaria saludable.

Repeler el repelente

¿Por qué?Tal vez sólo por precaución. Quien sabe…Lo cierto es que en estos últimos 70-80 años estamos siendo expuestos a una cantidad de sustancias químicas que en el mejor de los casos podrían no ser nocivas utilizadas individualmente. Pero la realidad es que ninguna se usa o consume de forma aislada. El día a día nos expone a un coctel de sustancias químicas nunca antes vivenciado. Es decir, un aditivo químico empleado en mínimas cantidades, podría ser inocuo. Cuando un estudio muestra esta inocuidad, la sustancia se estudia (se testea) de forma aislada. Miles de aditivos químicos como los que hoy existen en las cosas que se comen, consumidos a diario, en cada comida; tienen efectos que son imposibles de estudiar y medir en cada ser humano. Situación similar encontramos en los agrotóxicos o «fitosanitarios» que utiliza el agronegocio. Decenas de sustancias venenosas, diseñadas, estudiadas y aplicadas como veneno, esparcidas una y otra vez sobre aquello que un ser humano ingiere todos los días a lo largo de su vida dejan en el organismo efectos que ya ya estamos vivenciando. (ver Agrotóxicos e infancia . ver El plato fumigado) Y cuando nos ocupamos de nuestra piel, la primera imagen que se nos viene es la de una barrera, algo que nos separa del exterior. Si bien en parte podemos imaginar esta separación, también podríamos acercarnos a la sabiduría que nos traen culturas o medicinas milenarias como el caso del Ayurveda, con la expresión «no te pongas nada en la piel que no te puedas comer«. Esto nos invita a imaginar la piel como un colador, una superficie que permite el intercambio y la entrada «del afuera». En este sentido, hace unos años escribí este artículo, donde les compartía efectos nocivos de diferentes productos de cosmética y de limpieza del hogar.

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Libro de Alex Foster sobre cocina y vida saludable, inspiración para mejorar la alimentación y el bienestar integral.

La «industria» de las dietéticas

Acá les dejo un pequeño extracto de mi libro, «Una cocina que te cambia la vida«, del capítulo 2 «La comida de verdad no viene de la industria». «Ya entregados al impulso de salir a buscar la comida fuera del circuito de los supermercados, nos encontramos en una especie de mundo paralelo conformado principalmente por dietéticas y almacenes “naturales” a los que, con los años, fueron sumándose mercados y ferias. Allí, determinados días por semana ofrecen sus alimentos productoras y productores de zonas cercanas. Dietéticas y almacenes naturales son espacios muy diferentes unas de otros. Ya sus nombres lo expresan. Siempre tuve la duda de si “almacén natural” es un nombre elegido con el ánimo de mostrarse como algo distinto del mundo industrializado de los supermercados o si surge del deseo de diferenciarse del término “dietética”. Lo cierto es que no hay definiciones o pautas específicas que distingan a unas de otros, pero la realidad suele mostrarlos como dos cosas bien distintas. La mayor parte de las dietéticas tiene una impronta más estandarizada, más fría, con productos envasados que responden a unos pocos distribuidores que manejan el “mercado natural” como se podría manejar otro tipo de negocio. Algo así como una “industria” de las dietéticas. Venden “lo que tiene buena salida”, lo que escale en la moda de la dieta del momento. Se encuentran paquetes de galletas supuestamente “integrales” en cuyas etiquetas aparecen palabras similares a las que se ven en las etiquetas de productos de supermercado; barritas “energéticas” con endulzantes transgénicos como el JMAF (jarabe de maíz de alta fructosa) y aditivos químicos; bolsones de copos industrializados o “almohaditas” de salvado que paradójicamente se exponen como saludables alternativas para las cajas de cereales industrializados, cuando en realidad esos copos se elaboran con el mismo maíz transgénico y las almohaditas son

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CEI – ¿Por qué no usamos goma xántica en nuestras recetas sin gluten?

En la búsqueda de una alimentación saludable muchas personas dejan de consumir gluten, algunas por algún diagnóstico médico como por ejemplo la celiaquía y otras porque simplemente piensan que su camino de alimentación saludable debería ser sin gluten. Lo cierto es que al eliminar el gluten, en lo que respecta a texturas de alimentos como por ejemplo el pan, perdemos esa elasticidad característica del trigo. En la búsqueda de alternativas alimentarias supuestamente saludables aparece la xantana o goma xántica. Es importante detenernos unos minutos y examinar de cerca las implicancias sociales y ambientales asociadas con el origen de este aditivo, especialmente cuando proviene del maíz industrial, transgénico y vinculado al sistema agroindustrial. ¿Qué es la goma xántica? Un espesante ampliamente utilizado en la industria alimentaria que se obtiene a partir de la fermentación del almidón de maíz. A menos que se aclare lo contrario, este maíz proviene del sistema agroindustrial convencional, caracterizado por el uso intensivo de agrotóxicos y cultivos genéticamente modificados. Este aspecto que suele pasar desapercibido, es esencial al momento de pensar en incorporarlo a una «alimentación saludable«. Lo que está detrás El uso de maíz industrial y transgénico en la producción de goma xántica abre muchas preguntas en relación a qué implica un alimento saludable.El sistema agroindustrial asociado con este tipo de maíz se caracteriza por el uso extensivo de agrotóxicos, que degradan la vida del suelo, contaminan el agua y afectan la salud de toda forma de vida. Acá es necesario asumir la realidad de que los trabajadores agrícolas y las comunidades cercanas a las áreas de cultivo son de las personas más afectadas, pero el impacto de este modelo basado en el uso de agrotóxicos, de una u otra forma afecta la salud de todo ser humano. Vale recordar que la producción de cultivos transgénicos

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Gluten: el suicidado de la sociedad

Cuenta la leyenda, que Gluten (El suicidado por la sociedad) era un hombre tímido, delgado y recluido. Frente a tanto desprecio y falta de atención, intuía lo que la secuencia de desatinos anunciaba: terminaría encarcelado. Se decía que era el responsable de casi todas las patologías digestivas contemporáneas…Se lo culpaba, pero nunca se lo dejaba hablar. Él formaba parte de una comunidad llamada Trigo, pero – posiblemente por una presbicia nutricional – había sido apartado. La comunidad era fumigada en su territorio con un paquete de venenos que amablemente llamaban «fitosanitarios». Venenos que lo destruyen todo, hasta los bichitos que hoy la medicina reconoce como esenciales para la salud: la microbiota. Vale aclarar que a la comunidad Trigo ya le habían retirado los alimentos con vida y la mantenían de pie a base de fertilizantes sintéticos. Cada día menos vital, rociada de «fitosanitarios», la comunidad era empujada al espacio de refinamiento. Mientras esperaba en los silos la sentencia de refinación, la comunidad era nuevamente fumigada con otros productos químicos, por miedo a ser invadida por las polillas… Cargando en sus cuerpos variados contaminantes, comenzaba la separación por grupos, en función de los intereses económicos del momento. Los miembros llamados Salvado durante mucho tiempo fueron menospreciados y se mezclaban con los alimentos para animales. Un buen día a un ser mecánico eficiente se le ocurrió volver a introducirlos en la cadena de comercialización, pues ya le habían encontrado la «propiedad» de mover el intestino. Así pues, su cotización empezó a subir. Los jóvenes llamados Almidones, pasaban del amor al desprecio. Llegando a la última década de la presbicia nutricional fueron demonizados por la sociedad keto-paleo, que se decía evolucionada, pero tomaba sus fuentes de inspiración de la época paleolítica. Había un grupo que supuestamente comía natural (vaya uno a saber qué es eso) que pagaba altas sumas por los

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Comemos lo espiritual que hay detrás

“¿Quién se preocupa aún de las influencias profundas de la nutrición?” se pregunta el Dr Otto Wolff en «Qué comemos en realidad» (ed. Antroposófica, 2012). Continúa “podemos saber hoy en día que la vida es una fuerza, o sea, luz transformada, y que solamente determinadas substancias, los víveres, contienen o deberían contener vida.” Lamentablemente, hoy juzgamos aportes o deficiencias de un alimento sólo por un análisis de sustancias, de cenizas y de las «propiedades» de esas sustancias (proteínas, minerales, etc.). Pocas veces, en pocos ámbitos donde se habla en torno a la salud, se analiza un alimento por el aporte o ausencia de fuerzas de vida. ¿Qué puede aportar una agricultura basada en procesos de muerte y en la fertilización química y sintética de los suelos como la que se practica hoy en día de forma dominante?Vida, seguro que no. “El valor positivo o negativo de un alimento no puede establecerse únicamente en función de lo que aporte al cuerpo físico y a las fuerzas vitales. Por supuesto que esto es el mínimo que se puede exigir, pero hay que pedir más: el alimento debe estar constituido de tal forma que permita al alma y al espíritu manifestarse en su plenitud.” estas palabras del Dr Wilhelm Zur Linden, posiblemente a muchas personas puedan parecerle algo esotéricas, pero ¿hasta cuándo seguiremos estudiando y hablando del ser humano como una especie de máquina que se pone en funcionamiento con un combustible llamado glucosa? Nuestro componente anímico espiritual ya no puede ser aplastado, negado, silenciado. El Dr Zur Linden agrega, “lo esencial en el tema de la alimentación no es la sustancia misma, sino su cualidad portadora de luz. Muchos de los alimentos actuales, obtenidos a base de abonos químicos, no son ya capaces de absorber y transmitir en cantidad suficiente estas fuerzas.

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