Gluten: el suicidado de la sociedad

Cuenta la leyenda, que Gluten (El suicidado por la sociedad) era un hombre tímido, delgado y recluido.

Frente a tanto desprecio y falta de atención, intuía lo que la secuencia de desatinos anunciaba: terminaría encarcelado.

Se decía que era el responsable de casi todas las patologías digestivas contemporáneas…
Se lo culpaba, pero nunca se lo dejaba hablar.

Él formaba parte de una comunidad llamada Trigo, pero – posiblemente por una presbicia nutricional – había sido apartado.

La comunidad era fumigada en su territorio con un paquete de venenos que amablemente llamaban «fitosanitarios». Venenos que lo destruyen todo, hasta los bichitos que hoy la medicina reconoce como esenciales para la salud: la microbiota.

Vale aclarar que a la comunidad Trigo ya le habían retirado los alimentos con vida y la mantenían de pie a base de fertilizantes sintéticos.

Cada día menos vital, rociada de «fitosanitarios», la comunidad era empujada al espacio de refinamiento. Mientras esperaba en los silos la sentencia de refinación, la comunidad era nuevamente fumigada con otros productos químicos, por miedo a ser invadida por las polillas…

Cargando en sus cuerpos variados contaminantes, comenzaba la separación por grupos, en función de los intereses económicos del momento.

Los miembros llamados Salvado durante mucho tiempo fueron menospreciados y se mezclaban con los alimentos para animales. Un buen día a un ser mecánico eficiente se le ocurrió volver a introducirlos en la cadena de comercialización, pues ya le habían encontrado la «propiedad» de mover el intestino. Así pues, su cotización empezó a subir.

Los jóvenes llamados Almidones, pasaban del amor al desprecio. Llegando a la última década de la presbicia nutricional fueron demonizados por la sociedad keto-paleo, que se decía evolucionada, pero tomaba sus fuentes de inspiración de la época paleolítica.

Había un grupo que supuestamente comía natural (vaya uno a saber qué es eso) que pagaba altas sumas por los integrantes Germen de trigo, ricos en ácidos grasos insaturados. Éstos formaban parte de los últimos descubrimientos de la nutrición química, esa que estudia las sustancias y pretende que se unan por arte de magia, pues las fuerzas de vida, en un territorio alimentado con fertilizantes sintéticos, ya no existen.
Lamentablemente, no se habían dado cuenta que los seres Germen de trigo cumplían sus funciones cuando actuaban en grupo y no de forma aislada. Menos aún expuestos al aire en un bolsón olvidado, pues se ponían rancios.

Ya descuartizada, la comunidad se sostenía como podía. Los integrantes Almidones tenían mucha demanda en una sociedad que buscaba salud en la hiper abundancia de nutrientes (sin importar cómo se los obtenía). Y así recibieron un subsidio para ser bañados en vitaminas y minerales sintéticos, lo que luego, al ser envasados, les daba mejor imagen.

Así llegaban a lo que alguna vez fueron panaderías, hoy fábricas de cosas que se comen. Las panaderías eran en la antigüedad lugares donde el ser humano podía expresar parte de su arte, de esa característica que los hace humanos. 

Mientras el arte se escurre de las manos, estas fábricas elaboran mecánicamente algo que siguen llamando pan (faltando el respeto a ese objeto artístico que con mucha vocación, estudio y amor habían desarrollado en el antiguo Egipto). Como ya no les sale un buen pan, ya no hay arte y la estética urge, le agregan todo tipo de mejoradores de sabor y leudantes químicos para inflarlos y atraer a un paladar cada vez más saturado de azúcares y sal. Sustancias que inflan el pan y desinflan la salud humana.

En ese apuro de obtener algo que se coma se han olvidado que la comunidad Trigo necesita de una cuidada fermentación para dar todo de sí. Hace siglos que viene gritando desesperada para que no olvidemos ese saber cultural pues sabe que cuando no se le respetan sus tiempos a partir de una fermentación guiada con masa madre, se enoja tanto que no permite ser digerida. No quiere entrar en diálogo.

Lo cierto es que en la Corte, el fallo sentenció al alienado Gluten mientras Antonin Artaud decía en su obra «Van Gogh, el suicidado de la sociedad»,  que …»un alienado es en realidad un hombre al que la sociedad se niega a escuchar, y al que quiere impedir que exprese determinadas verdades insoportables.»

Alex von Foerster
www.alimentoyconciencia.com

Otros posts que pueden interesarte

12 comentarios en “Gluten: el suicidado de la sociedad”

  1. Hermoso y triste cuento. Comer sano es cada vez más difícil por todo lo que enseñás siempre, además de los precios…hay que dedicarle mucho tiempo.
    Sigo al Dr. Nachman y a vos y los admiro y agradezco a ambos pero la diferencia de conceptos nos está enloqueciendo!
    Doy un solo ejemplo: el caldo de huesos!! . El Dr. Nachmán dijo en un reel que no es verdad que es bueno, que ese colágeno no es bueno como se dice en las redes, bla, bla, bla..
    Si no recuerdo mal, vos lo habías aconsejado…y muchos médicos también lo hacen.
    Es muy desgastante…uno no sabe ya qué es lo mejor.
    Gracias Alex!

    1. Tal cuál.
      No se ponen de acuerdo.
      Unos demonizan un alimento, otros lo enaltecen y nosotros acá, sin saber a quien hacerle caso.
      Y todos en defensa de una alimentación sana.

    2. Hola Mirta, también sigo a ambos, y recuerdo el reel del Dr. Nachman, nunca dijo que el caldo de huesos sea malo, solo que no tiene las propiedades que se le atribuyen, q por supuesto no hace mal, aporta beneficios como un alimento proteico más.

  2. muchas gracias!!!!!!! es cierto cuanto mas sabes es mas complicado, sobre todo en estos momentos tan dificiles q nos toca atravesar.
    mil gracias Alex!!!!!!

  3. Pero qué arte tienes, Alex. Me ha encantado el artículo.
    La verdadera sabiduría se demuestra cuando el conocimiento y el arte van de la mano. ¡Ole! (como decimos en España).
    Estoy tan de acuerdo contigo, que haré de esta pequeña oda al alimento verdadero, algo a compartir entre todos los grupos a los que imparto mis talleres de Cocina para la Salud.
    Gracias.

  4. Excelente artículo que para mi va más allá del trigo va a la sociedad misma porque todo es parte del todo. Siempre enriquecedor Alex, muchísimas gracias y tu libro es excelente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *