Las múltiples funciones de las grasas saturadas

Yemas de huevo
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Hoy les ofrecemos otro artículo relacionado con un tema clave en la nutrición: las grasas saturadas y sus múltiples e importantes funciones metabólicas.
Lamentablemente no solo la medicina y nutrición convencional culpa a estas grasas de ser responsables o partícipes de diferentes trastornos de salud, como el caso de las enfermedades coronarias, cáncer, obesidad, diabetes e incluso desórdenes del sistema nervioso, como esclerosis múltiple. También a través del vegetarianismo y naturismo se promueve el consumo de dietas bajas en grasas saturadas, dejando de lado, de forma realmente llamativa, un nutriente clave para diferentes funciones básicas del metabolismo.

Las múltiples funciones de la grasa saturada

Las grasas saturadas tales como la manteca, las grasas de las carnes, el aceite de coco y de palma, tienden a solidificarse a temperatura ambiente. De acuerdo con dogmas convencionales de nutrición, estas grasas tradicionales son responsables por muchas de nuestras enfermedades modernas – enfermedades coronarias, cáncer, obesidad, diabetes, mal funcionamiento de las membranas celulares e incluso desórdenes del sistema nervioso como esclerosis múltiple. Sin embargo, muchos estudios científicos indican que es el aceite vegetal líquido – que está repleto de radicales libres que se formaron durante su procesamiento – y el aceite vegetal artificialmente endurecido (aceite hidrogenado) – al que se le llama grasa transitoria – los que son los culpables de estas condiciones modernas, no las grasas saturadas naturales.

Los humanos necesitamos grasas saturadas porque tenemos sangre caliente. Nuestros cuerpos no funcionan a temperatura ambiente sino a una temperatura tropical. La grasa saturada provee la rigidez y estructura apropiada a las membranas de nuestras células y tejidos. Cuando consumimos muchos aceites líquidos no-saturados, las membranas de nuestras células no tienen la integridad estructural para funcionar apropiadamente, se ponen “fofas” y, cuando consumimos mucha de esta grasa transitoria, que no es tan suave como la grasa saturada a temperatura ambiente, las membranas de nuestras células se ponen muy “tiesas”.

En contra de la opinión prevaleciente, la que no está comprobada científicamente, las grasas saturadas no obstruyen las arterias o causan enfermedades coronarias. De hecho, el alimento preferido del corazón es la grasa saturada; y las grasas saturadas reducen una sustancia llamada Lp(a), que es un indicador muy preciso de la propensión a enfermedades al corazón.

Las grasas saturadas juegan muchos papeles importantes en la química del cuerpo. Estas fortalecen el sistema inmunológico y están involucradas en la comunicación intercelular, lo que significa que nos protegen contra el cáncer. Ayudan a que los receptores de las membranas de nuestras células funcionen apropiadamente, incluyendo los receptores de insulina, protegiéndonos de esta forma contra la diabetes. Los pulmones no pueden funcionar sin grasas saturadas, razón por la cual los niños a los que se les da manteca y leche entera tienen menos asma que niños alimentados con leche descremada y margarina. Las grasas saturadas están también involucradas en el funcionamiento de los riñones y la producción de hormonas.

Las grasas saturadas son necesarias para el funcionamiento apropiado del sistema nervioso y más de la mitad de la grasa del cerebro es saturada. Las grasas saturadas también ayudan a suprimir la inflamación. Finalmente, las grasas saturadas provenientes de alimentos de origen animal transportan las vitaminas liposolubles A, D y K; vitaminas vitales de las que necesitamos grandes cantidades para mantenernos saludables.

Los seres humanos han consumido grasas saturadas de productos animales, de productos lácteos y de aceites tropicales por miles de años; es con el advenimiento del procesamiento y consumo del aceite vegetal moderno que una epidemia de enfermedades degenerativas modernas se ha desarrollado, no por el consumo de las grasas saturadas.

Los activadores liposolubles

El centro de la investigación del Dr. Price tiene que ver con lo que él llamo los “activadores liposolubles”, vitaminas que se encuentran en las grasas y en los órganos de animales que se alimentaron de pastos, y en algunos productos del mar como por ejemplo huevos, mariscos, pescados aceitosos y en el aceite de hígado de bacalao. Estos tres activadores liposolubles son la vitamina A, la vitamina D y un nutriente al que él llamo el Activador X, ahora conocido como la vitamina K (la forma animal de la vitamina K.) Los niveles de estos nutrientes básicos eran como diez veces más altos en dietas tradicionales que en dietas basadas en alimentos que aparecieron con el comercio moderno como el azúcar, la harina blanca y el aceite vegetal. El Dr. Price se refería a estas vitaminas como activadores porque sirven de catalizadores para la absorción de los minerales. Sin ellas, los minerales no podrían ser utilizados por el cuerpo, independientemente de qué abundantes sean éstos en el cuerpo.

La investigación reciente valida completamente los descubrimientos del Dr. Price. Hoy en día se sabe que la vitamina A es vital para el metabolismo de minerales y proteínas, la prevención de defectos de nacimiento, el desarrollo óptimo de bebés y niños, la protección contra las infecciones, la producción de hormonas sexuales y de estrés, la función de la tiroides, y la salud de los ojos, la piel y los huesos. La vitamina A disminuye con la tensión, infecciones, fiebre, ejercicio extenuante, exposición a pesticidas y químicos industriales, y el exceso del consumo de proteína (de ahí nuestras advertencias en contra del consumo excesivo de proteína en la forma de carne magra, leche descremada y polvos de proteína.)
La investigación moderna también nos ha revelado las muchas funciones que juega la vitamina D, necesaria para el metabolismo de minerales, huesos y sistema nervioso saludables, tono muscular, salud del sistema reproductivo, producción de insulina, protección contra la depresión, y protección en contra de enfermedades crónicas como el cáncer y enfermedades coronarias.

La vitamina K juega un papel importante en el crecimiento y desarrollo facial, la reproducción normal, el desarrollo de huesos y dientes saludables, protección en contra de la calcificación e inflamación de las arterias, síntesis de la mielina y capacidad de aprendizaje.

La literatura moderna sobre temas de salud está llena de información errónea sobre las vitaminas liposolubles. Muchos escritores en esta área opinan que los humanos pueden obtener suficiente vitamina A de alimentos de origen vegetal. Pero los carotenos en alimentos de origen vegetal no constituyen la vitamina A verdadera. Los carotenos son precursores que son convertidos posteriormente en vitamina A en el intestino delgado. Los seres humanos no son buenos convertores de vitamina A, especialmente los bebés o las personas que sufren de diabetes, problemas de la tiroides o desórdenes intestinales. De esta forma, para una salud óptima, los humanos requieren de alimentos de origen animal que contengan cantidades abundantes de vitamina A. Similarmente, muchos opinan que una cantidad adecuada de vitamina D puede ser obtenida con una exposición breve bajo el sol. Pero el cuerpo sólo produce vitamina D cuando el sol está perpendicularmente encima de uno, es decir, en los meses de verano y durante el mediodía. Durante el resto del año (e incluso en los meses de verano para aquéllos que no toman baños de sol), las personas deben de obtener la vitamina D de sus alimentos. Respecto a la vitamina K, la mayoría de libros sobre aspectos de salud mencionan su función sólo como coagulador de la sangre, sin reconocer las muchas otras funciones vitales que este nutriente posee.

Las vitaminas A, D y K trabajan conjuntamente. Las vitaminas A y D le dicen a las células para que produzcan ciertas proteínas; después que las enzimas celulares produjeron las proteínas, éstas son activadas por la vitamina K. Esta sinergia explica los reportes de toxicidad cuando las vitaminas A, D o K se toman aisladamente. Estos tres nutrientes tienen que estar presentes en la dieta o de otra forma el cuerpo desarrolla deficiencias de los activadores que no están presentes.

Las funciones vitales de estas vitaminas liposolubles y los altos niveles encontrados en las dietas de gente saludable en zonas tradicionales, confirman la importancia del ganado alimentado con pastos. Si los animales domésticos no están consumiendo pasto verde, una gran proporción de las vitaminas A y K no van a estar presentes en la grasa, órganos, manteca, queso y yemas de los huevos; si los animales no son criados bajo la luz del sol, la vitamina D también estará ausente en la mayoría de estos alimentos.

Dado que es tan difícil hoy en día obtener cantidades adecuadas de activadores liposolubles en la dieta moderna, el Dr. Price recomendó aceite de hígado de bacalao para proveer las vitaminas A y D, junto con una fuente de vitamina K, como manteca de vacas que pastaron cuando el pasto estaba creciendo activamente. Cuando estos nutrientes son consumidos en cantidades abundantes durante el embarazo, lactancia y el período de crecimiento, se asegura un desarrollo físico y mental óptimo en los niños; cuando es consumido por adultos, estos nutrientes protegen contra enfermedades graves o crónicas. Es importante escoger el aceite de hígado de bacalao con cuidado ya que muchas marcas contienen muy poca vitamina D, lo que podría llevar a una toxicidad potencial de vitamina A.

Fuente: Fundación Weston A. Price

www.westonaprice.org

 

 

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8 comentarios en “Las múltiples funciones de las grasas saturadas”

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